Dos amantes del vino comenzaron su aventura con tan solo 1.100 plantas, un desafío que los llevó años antes de obtener sus primeras botellas. Hoy, han alcanzado una producción de 2.000 botellas al año, ampliando su negocio para incluir alojamiento y eventos.
Este proyecto no solo ha transformado un terreno inesperado en un viñedo, sino que también ha generado un espacio donde los visitantes pueden disfrutar de la belleza del paisaje mientras degustan vinos únicos. Como afirman los fundadores:
“La pasión por el vino nos llevó a crear algo especial en un lugar que nadie imaginaba”.
Con esfuerzo y dedicación, producen 2.000 botellas anuales y ofrecen experiencias únicas.